por Jorge Emilio Sierra Montoya (*)
Una larga historia:
Como cualquier fenómeno social, la Responsabilidad Social Corporativa (RSE)
tiene ante todo causas históricas, las cuales se pueden remontar a los orígenes
del hombre y la sociedad, cuando la propia organización social y del Estado se
impuso en defensa de la misma supervivencia humana.
La caridad cristiana:
El espíritu filantrópico, que es el antecedente más próximo de la RSE en su
concepción moderna, se ha manifestado también desde tiempos inmemoriales,
según lo demuestra la caridad proclamada por el cristianismo desde hace más de
veinte siglos al sentar las bases de la cultura occidental.
La filantropía, por cierto, ha sido común entre empresarios cristianos, influidos
especialmente por la Doctrina Social de la Iglesia Católica, cuyos orígenes se
remontan a fines del siglo XIX.
Economía Social de Mercado:
Sin embargo, la auténtica RSE, que trasciende -como ya sabemos- a la filantropía,
nació a mediados del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, y
prueba de ello es la formulación de la Economía Social de Mercado en países
como Alemania bajo la orientación de Konrad Adenauer.
Globalización y apertura:
Pero, su gran desarrollo se ha presentado durante las últimas décadas, desde los
años ochenta, en forma simultánea al avance incontenible de la globalización y la
adopción de los modelos de apertura económica, con mayor razón ante las crisis
financieras desatadas a lo largo y ancho del planeta, que se presentan cada vez
con mayor regularidad y siempre con graves consecuencias sociales.
El colapso bursátil:
En efecto, tiende a aceptarse que el actual boom de la RSE estalló debido al
colapso bursátil internacional que provocaron los escándalos corporativos por
fallas contables en firmas como Enron y Parmalat, donde se puso en evidencia la
ausencia de responsabilidad social empresarial, sin la cual es de esperar que no
haya la confianza necesaria para invertir (el impacto de tales abusos fue aún
mayor en los mercados que el generado después por los ataques terroristas
contra las Torres Gemelas en Nueva York).
Capitalismo de casino:
La RSE se enmarca, pues, en plena globalización, en el auge de la economía
global, cuyos efectos no solo han sido positivos sino también negativos, según lo
comprobamos a diario: el culto al libre mercado desató la más feroz competencia,
con el egoísmo empresarial a cuestas, que permite hablar, sin exageración, de un
capitalismo salvaje; esto ha ampliado la brecha entre países ricos y pobres o al
interior de los países por la concentración de la riqueza y la creciente desigualdad
social, al tiempo que el modelo en marcha tiende a ser excluyente, favoreciendo a
unos pocos mientras la inmensa mayoría permanece al margen de sus enormes
beneficios.
Enfrentamos -al decir de Hans Küng- un capitalismo de casino, donde la
especulación hace de las suyas, al margen de la producción real y, lo que es peor,
al margen de la ética, de valores universales como la justicia y la solidaridad, en
medio de la idolatría al mercado y al crecimiento económico, sin importar que esté
concentrado en pocas manos y no se extienda, como debería ser en un desarrollo
integral, a áreas como la educación y la salud, o sea, hacia el desarrollo social.
La crisis mundial:
El mundo actual afronta, a pesar de la prosperidad reinante, una crisis sin
precedentes, ya no solo de valores sino económica, empresarial y política, al
ponerse en tela de juicio el desarrollo industrial por la contaminación que provoca
el calentamiento global y el correspondiente peligro de la destrucción de la vida en
la Tierra, como si la vida en realidad no fuera viable ni sostenible en un futuro
cercano.
La crisis social:
A esto se suma la crisis social, evidente en los altos grados de pobreza y otros
muchos indicadores que van desde el desempleo y la corrupción hasta la guerra y
violación de derechos humanos, fenómenos que afectan con rigor a una región
como América Latina, cuya desigualdad social es la mayor del mundo.
Soluciones de fondo:
¿Qué hacer? En general, las soluciones a tan graves problemas tienen que ser de
fondo, estructurales, entre otras razones porque es preciso construir una
democracia plena, tanto política como económica y social; hay que incorporar otra
vez la ética al mercado, regido ahora por valores como la solidaridad, y, en
definitiva, se reclama un nuevo orden económico internacional, una nueva
economía, una nueva empresa, una nueva sociedad y un nuevo ser humano,
todos a una en ejercicio de su responsabilidad social.
He ahí el reino de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).
El capitalismo social:
Es urgente, entonces, hacer un alto en el camino y cambiar de rumbo. Que es un
cambio de época, como pocos se han dado en la historia de la humanidad.
Avanzamos hacia un capitalismo social, retomando principios como los de la
Economía Social de Mercado; los países y sus gobiernos, reunidos en la
Organización de Naciones Unidas (ONU), se comprometieron con alcanzar los
Objetivos de Desarrollo Sostenible (prolongación de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio que se adoptaron a comienzos del año dos mil) encabezados por la
reducción sustancial de la pobreza, al tiempo que suscribieron un Pacto Global –
Global Compact- que contempla a la RSE, de manera explícita, como un mandato
universal, y en cada país suelen invocarse normas constitucionales sobre el
Estado Social de Derecho y la función social de la propiedad privada, cuya
aplicación se exige a diestra y siniestra.
El boom de la RSE:
Es el reino de la Responsabilidad Social Empresarial, claro está. Que implica,
como lo dice su nombre, la mayor responsabilidad de las empresas y otras
organizaciones sociales, ya no solo del Estado o el gobierno, en la solución de
tales problemas, más aún cuando asistimos a un desarrollo empresarial sin
precedentes ni fronteras, con multinacionales que ofrecen sus productos a nivel
global y superan muchas veces al Producto Interno Bruto (PIB) de los países, por
imposible que parezca.
No es de extrañar, por tanto, el boom de la RSE en los diferentes países, tanto
desarrollados como del Tercer Mundo, por la dimensión y complejidad de sus
problemas sociales, cuya solución demanda la participación efectiva del sector
privado y de la sociedad en su conjunto.
(*) Autor del libro “De la Responsabilidad Social Empresarial y Universitaria a la
Sostenibilidad” (Amazon, 2023), cuyo primer capítulo contiene este Curso Básico
de RSE.