La exposición es una metáfora viva que invita a adentrarse en un universo de espiritualidades, tensiones y rituales. Foto de María Fernanda Londoño de la Hoz, Unimedios.
| Una lata de galletas, una penca de sábila o una herradura detrás de la puerta… En el Museo Nacional de Colombia (MNC) lo sagrado no está solo en los templos, sino también en los objetos que guardan memoria, emoción y fe. La nueva sala permanente “Fuerza, Fe y Sustancia. Mixturas y tensiones de lo sagrado en Colombia” propone un viaje por las espiritualidades diversas del país. |
La exhibición es el resultado de un proceso colectivo que involucró al MNC, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), y la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).En el corazón del Museo florece un árbol que simboliza la construcción de un puente entre espiritualidades. Cargado de símbolos, memorias y preguntas que atraviesan la historia nacional, este “árbol de la vida” —pieza central de la sala— es una metáfora viva que invita a adentrarse en un universo de tensiones, rituales y creencias múltiples.“Fuerza, Fe y Sustancia” está pensada para permanecer abierta durante los próximos diez años; no responde al guion tradicional de las religiones institucionalizadas como el cristianismo o el judaísmo. Por el contrario, se atreve a mirar lo sagrado desde lo popular, lo íntimo, lo sincrético, esa mezcla viva de ideas y prácticas que caracterizan la espiritualidad en Colombia.Cada objeto, texto e imagen fue seleccionado tras un largo proceso de diálogo con más de 30 comunidades y colectivos (indígenas, afrocolombianos, mujeres ROM, personas LGBTIQ+, artistas, académicos y practicantes) que compartieron sus creencias y abrieron su mundo.El resultado es una propuesta artística que da voz a las múltiples formas en que las personas viven, sienten y resignifican lo sagrado, más allá de las doctrinas oficiales. Así, un bulto de papas, una lata de galletas, una penca de sábila, herraduras detrás de la puerta, objetos que parecerían insignificantes son elevados a la categoría de lo sagrado porque han sido cargados de sentido por miles de personas a lo largo del país.“El propósito de la muestra fue sacar lo sagrado de lo institucional, de la religión oficial, y mostrar cómo se manifiesta en las personas, en sus prácticas, en su quehacer”, señala Laura Marcela Agudelo, antropóloga de la UNAL e integrante del equipo curatorial de la exposición. Un puente entre creencias y saberesLa apuesta museológica que se despliega en tres alas evoca la arquitectura de los templos, pero alberga en su interior una tensión creativa entre opuestos que a su vez son complementarios: goce y dolor, virtud y defecto, milagro y condena, agencia e imposición. En este mismo sentido, cada par de nodos, en las alas laterales, dialoga con el espacio central, donde el árbol de la vida y el trabajo ritual actúan como vasos comunicantes. “No se trata de encasillar las creencias, sino de mostrar que están en constante mezcla y tensión. Es ahí donde el visitante comienza a entender que esta sala no busca respuestas absolutas sino abrir preguntas”, menciona Johan Sebastián Melo Rodríguez, antropólogo de la UNAL y quien forma parte del equipo curatorial.En este mismo sentido, el árbol de la vida, creado por el artista Miller Lagos, artista de la UNAL, marca el inicio de un viaje en el que lo sagrado no es una sola cosa, sino muchas: múltiples formas de sentir, creer, resistir y celebrar.Por esta razón, la sala “Fuerza, Fe y Sustancia. Mixturas y tensiones de lo sagrado en Colombia” recoge no solo piezas arqueológicas y colecciones patrimoniales, sino también gestos cotidianos y voces populares, además de mantras, alabanzas, gritos de fiesta y cantos fúnebres que permiten ampliar el relato de lo sagrado, reconociendo que este no solo se expresa, sino que también se siente.“En Colombia lo sagrado no solo se reza: también se canta, se grita, se baila, se llora. Por eso esta sala no se podía limitar a vitrinas con objetos antiguos; también teníamos que traer lo cotidiano, lo popular, lo que la gente siente en su cuerpo y en su día a día”, precisa Natalia Angarita, líder del equipo curatorial. Antes de su apertura oficial, la exposición atravesó una etapa piloto en la que participaron cerca de 400 personas, entre ellos académicos, comunidades religiosas, familias, niños, colectivos étnicos y visitantes espontáneos. Esta fase fue importante para poner a prueba la claridad del mensaje, ajustar el lenguaje, reorganizar algunos objetos, y sobre todo recoger impresiones sobre un tema tan íntimo y plural como lo sagrado.“Fue inevitable entrar en tensión”, relata el antropólogo Melo. El piloto nos permitió no solo afinar detalles museográficos, sino también generar espacios de diálogo entre las decisiones curatoriales y las experiencias de los públicos. Así, la exposición no se impuso como verdad única, sino como una invitación abierta a conversar, dudar y reconocerse en la diferencia.Según el equipo, la muestra es una invitación a detenerse frente a lo que creemos sagrado, a reconocer la diversidad como una forma de convivencia, y a comprender que en Colombia la historia de lo sagrado no se escribe en línea recta, sino en espirales que se cruzan, se enfrentan, se abrazan. Y en medio de ese espesor simbólico, la UNAL emerge como uno de los pilares de este viaje, en la investigación, en el arte, en el pensamiento crítico y en la apuesta por democratizar el conocimiento y expandir las fronteras del museo hacia lo vivo, lo contradictorio, lo humano. Creado por: GABG/dmh/LOF | N.° 911Consulte en el sitio web. UNIMEDIOS, UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA |